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  Cuando Don Juan Muñoz López llegó a estas tierras para cultivar sus vides y producir su propio vino, se asombró de la cantidad de perdices que andaban por los alrededores.
Un buen día, mientras caminaba entre la jarilla
sorprendió dormida a una de ellas, pero esta al oírlo alzó vuelo rápidamente.
Un vecino del lugar le comentó que estas aves de hermosos plumajes eran viejas habitantes de la zona y que solían verse en grupos de tres.
Con el correr de los días ellas se transformaron en simpáticas compañeras de sus largas jornadas de trabajo.
Fue entonces que decidió nombrar su bodega “Viña Las Perdices”